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LA APARICIÓN DEL “DOCTOR NO”

Gira, teatro, técnico de sonido, sonorizaciones
Escrito por Sergio

Hola amigos. Como supongo que ya sabréis, últimamente me dedico más al teatro. Ahora mismo os escribo desde Mérida, ya que estoy currando en el Festival de Teatro Clásico. Acabo de empezar una gira que me llevará por toda España durante año y medio, más o menos. Pero antes de pillar esta gira estaba haciendo asistencias en varios teatros de mi zona. Con esto quiero decir que conozco las dos partes del negocio, la de estar de gira con una compañía y la de estar de personal del teatro. Esto ayuda mucho a la hora de intentar ponerse en lugar del otro: lo que no quieres encontrarte en los teatros cuando vas de gira, intentas no ofrecerlo cuando estas en sala, y viceversa.

Sinceramente, que los técnicos conozcamos “las dos caras de la moneda” me parece imprescindible para que los montajes fluyan como deben. Desgraciadamente eso no pasa siempre. Cuando estoy en sala intento dar el máximo para que el bolo salga, ofrezco todo el material del que dispongo e intento que lo puedan usar como yo lo hago. Me parece absurdo racanear material, ya que está para usarse. Por otra parte, cuando voy de gira, intento adaptarme a las limitaciones de la sala lo mejor posible, y no pido más de lo que necesita el espectáculo. ¿No creéis que esto es lo más lógico?

Bien, pues la realidad me ha enseñado que no siempre es así. Por suerte, los casos malos son mucho menores que los buenos, pero eso no quita que te amarguen el día. Estando yo en sala no he tenido muchos problemas, la verdad, ya que suelen saber lo que hay antes de llegar, pero de gira la cosa cambia. De vez en cuando aparece la figura que llamo “El Doctor NO”, pidas lo que pidas, no se puede hacer. No importa lo que sea, ni tus necesidades, ni las soluciones que propongas. Ni siquiera importa si lo que pides aparece en la ficha técnica del espectáculo. De primeras te encuentras con un NO rotundo, aunque luego lo acabe haciendo.

Os presentaré varios casos que he tenido que vivir, omitiendo los nombres y lugares, por supuesto:

  • El caso del racaneo de personal: Este caso fue uno de los que más me molestó. En la ficha técnica especificaba el personal que necesitábamos tanto durante el montaje como durante la función. Al ver que el personal no estaba, contacté con mi jefe técnico para ver si habían negociado otra cosa, y en efecto, ponían un técnico menos a cambio de que nos adelantaban parte del montaje el día anterior. El resultado fue que el personal iba desapareciendo a lo largo del día, y el día siguiente sólo quedaba 1 de 5 que pedíamos durante el desmontaje. Con un cabreo impresionante acabamos haciendo la carga los técnicos de la compañía y el camionero. El único técnico de sala que quedaba desapareció misteriosamente…
  • El caso de que “eso tiene que estar así para que funcione bien”: En este caso ya iba avisado de que iba a tener problemas (el responsable de mi sección es conocido por su “amabilidad”). Llegué al teatro y me encontré con algo que no me gusta demasiado, un patch de sonido activo que modifica la ganancia (y un poco el color) de las señales que me llegaban a la mesa. No había manera de saltármelo, así que tuve que trabajar con eso. Al chequear señales me di cuenta de que me llegaban unos canales con más señal que otros. Fui a revisarlo y, efectivamente, Cada canal tenía un nivel de entrada diferente. Lo primero que hice fue comentárselo al responsable y sus palabras fueron: eso no se puede tocar porque así funciona bien. Al decirle que no era normal que cada canal tuviera una ganancia diferente me dijo que eso era para compensar las diferentes longitudes de los cables. Mi respuesta fue: ¿entonces hay canales que van directo a la mesa y otros le dan la vuelta al teatro o que? Total que me dijo que no lo podía tocar. En el bolo de ese día lo pasé bastante mal ajustando ganancias todo el rato, pero por la noche, muy educadamente, me despedí de aquel personaje citándolo para el día siguiente, y ajusté todo correctamente sin que nadie me viera. No recomiendo hacer esto, ya que me podría haber buscado un buen lío, pero era necesario para mi espectáculo. Probablemente todavía no se hayan dado cuenta del cambio…
  • El caso de “eso se pone ahí siempre y a todos les sirve”: Este caso se parece un poco al anterior. Primero empecé la mañana pidiendo el control en el patio de butacas (lo que aparece en ficha técnica), y me dijeron que no, que no tenían manguera. En otros sitios siempre habían intentado alquilarla, pero en este caso no hubo ni intento. La sorpresa fue mayor cuando vi dónde estaba la cabina técnica. En la parte más alta del teatro, con ninguna referencia válida de sonido y donde sólo se veía la primera mitad del escenario. El bolo ya pintaba mal. La segunda parte fueron los monitores. No se ajustaban ni en potencia ni en calidad a lo que pedíamos pero eso tampoco era tan raro. Los vi y les dije dónde los necesitaba. La respuesta a eso fue que no, que se quedaban ahí. Colgados en la pared con un mosquetón. A la pregunta del porqué de la imposibilidad de moverlos, me respondieron con un “eso siempre está ahí y siempre funciona”. Descolgarlos era un trabajo de 10 minutos que me ofrecí a hacer yo mismo, y tenían cable para poder colocarlos donde yo les pedía, pero no. Se negaron a hacerlo.
  • El caso de “eso no está en ficha”, pero sí que estaba: Este caso también me molesto mucho. Tanto que amenacé con parar el montaje si no se montaba lo que pedía. Era un montaje simple, en principio, cuya única peculiaridad era que necesitábamos un monitor en el escenario, un micro colgado de una vara, y dos altavoces al fondo de la sala, a modo de surround. Siempre solía pedir que me colgaran el micro primero, para hacerlo mientras estaban colgando los focos. Así no tenían que subir y bajar las varas más de lo necesario. Cuando se lo pedí me dijo que eso no estaba en la ficha. Le dije que sí y le enseñé la ficha para que lo viera. Con cara de cabreo me dijo que luego lo colgaban. Le di el OK y le pregunté que quién se iba a poner conmigo para hacer el sonido y me dijo que tenía que esperar a que terminaran las luces. Como era temprano y no tenía mucha prisa accedí. A las dos horas todavía no había podido empezar a trabajar. Le pedí que me dejara montar el control y me dijo que no, que tenían que desmontar sus equipos antes. Mi nivel de cabreo iba aumentando por momentos. Cuando le dije que tenía que empezar a montar ya o no llegaba, se vino conmigo para ver mis necesidades. Le comenté que lo primero era el surround y, ¿cual fue su respuesta? Efectivamente, “eso no está en ficha”. Saqué la ficha otra vez y cuando lo vio me dijo que no me lo iba a montar, y ahí vino la amenaza. Mis palabras fueron: si no me lo vas a montar dímelo ya mismo, que nos vamos todos a casa. ¿Cómo? Si, o me lo montas o suspendo. Punto. A partir de ahí fue todo rodado.

Esos son los últimos casos que recuerdo, pero hay muchos más. Y seguro que a vosotros también os ha pasado alguna vez. Os invito a que comentéis vuestros casos aquí, preferentemente omitiendo nombres, ya que todos podemos tener un mal día, aunque creo que en los casos que he comentado, todos los días eran así…

¡Nos vemos en el próximo post!

P.D: Como comento al principio, estos casos son los menos habituales. Por suerte, casi siempre va todo genial y me queda un gran recuerdo de casi todos los teatros que piso.

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